AISLAMIENTO Y SOLEDAD ¿RETOMAR AMISTADES?
Athenea era vegetariana, de padre mexicano, los vínculos de vecindad entre ambas eran más que evidentes. Por si eso fuera poco, se llamaba Athenea, como la diosa griega. Pronto nos hicimos mejores amigas, convirtiéndonos en el terror de la noche tinerfeña. Las mejores juergas de mi juventud me las he pegado con ella. Entonces, yo simplemente vivía el momento, segura de mí, mis capacidades y mi futuro como filósofa. ¡Qué bonita es la inocencia! Resulta que Athenea era bailarina, pero, a esa edad, su cuerpo empezó a cambiar, y demasiado ancha para subirse a un escenario. Al menos, de forma profesional. Athenea se deprimió y el grupo de amistades la trataban como si fuera gilipollas. Entonces, yo empecé a animarla. La enseñé a leer textos y a buscar bibliografía, ofreciéndole el camino que yo ya había recorrido. Mis notas no eran brillantes, pero si le di las herramientas para que las suyas lo fueran. Y la fui conociendo mejor. Pronto descubrí que el padre de Athenea pertenecía a una secta de brujos blancos y que ella había estado adoctrinada desde la cuna. Básicamente, su pensamiento se basa en ideas fascistas y darwinistas escondidas bajo un pretendido ecologismo, yoga y pseudoterapias de toda clase. Por eso, su abuela materna, una madrileña forrada de pasta, le tenía guardada la herencia de su madre, muerta en un accidente de coche, en usufructo. No quería que su padre, aquel hombre que había captado a su hija, se hiciera con un céntimo de su dinero.No había de otra: Athenea tenia que esperar a recibir una cantidad considerable de dinero hasta la muerte de su abuela. Mientras tanto, se las veía y se las deseaba para llegar a fin de mes. Yo, viendo el percal, la seguí enseñando. Me daba rabia que la trataran así. Y lo necesitaba. Este hecho me adjudicó rápidamente el odio de su padre. ¡Vaya personaje! De este modo, Athenea llegó a la universidad. Empezó en Granada, viviendo en mi piso, acogida por mi grupo de amigas. Cuando regresé de Berlín, y quise volver, descubrí que Athenea había progresado mucho. Y lo que es peor, ya nadie me quería como antes. De alguna manera, ella se había hecho con el liderazgo y ya no había espacio para mí. Así que, regresé a mi pueblo con el rabo entre las piernas. Ahí sentí que algo se desgarraba dentro de mí. Con el paso del tiempo, me han dado repetidamente en el mismo sitio, haciendo este agujero tan grande que ha acabado por devorarme. Aislamiento y soledad. De madrugada, en la estación de autobús tomé unas notas y de ahí salió el poema “El destino de las orugas” que he publicado en mi libro “Trauma”, mucho después. Ciertamente, esa era la primera vez, desde la infancia, que me sentía realmente sola.
Había pensado en escribirle. Capaz que, por una de esas, coincidimos. La he buscado en internet: hoy, Athenea ostenta el título de doctora con especialidad en Sociología Urbana y dirige un grupo de investigación puntero sobre este tema en la Universidad de Ámsterdam. Manda cojones. Para que después digan que no soy buena profesora… Así que, concluida esta breve pesquisa y acordándome como acabó nuestra amistad, deshecho la idea. Aunque exitosa y millonaria, Athenea sigue estando adoctrinada. Y yo, para ella y su familia, sigo siendo el mamu… Además, ¿qué le voy a contar yo del éxito académico, del idiota de su padre y de sus ideas ecofascistas? Si lo pienso bien, todo está relacionado. Same, same but different… Las vueltas que da la vida… ¿Lo veis como siempre ganan “los malos”?